Cuando el 24 de junio de 1935 se estrella en Medellín el avión en que viajaba Carlos Gardel, la noticia conmueve al mundo. A la difusión masiva de sus discos, se había sumado desde 1931 la gran repercusión popular de sus películas. Todo ello eclosionó en la gira que había emprendido por Latinoamérica, y que acabaría inesperadamente en Colombia, provocando convocatorias populares nunca antes registradas, y que sólo volverían a registrarse con la aparición de los Beatles.
¿Cuáles fueron las circunstancias que hicieron posible semejante fenómeno? ¿Cómo construyó este artista el tango cantado, música de fusión de definida presencia internacional? ¿Cómo el pequeño inmigrante francés logró sintetizar en la cosmopolita Buenos Aires de comienzos del siglo XX la extraordinaria oferta musical sustentada en las migraciones internacionales y nacionales que se desparramaron por las salas de espectáculos de la ciudad? ¿Cómo se lanzó a la conquista de los principales centros internacionales, y logró imponerse como uno de los grandes referentes del canto popular?

viernes, 24 de abril de 2015

GARDEL EN CONSERVA: JUEGOS, TRAMPAS Y DOS ARMAS HUMEANTES

No todo fueron rosas en la vida de Carlos Gardel. Así como conoció a miembros de la realeza, grandes músicos de la lírica y estrellas de cine; también supo codearse con personajes duros, difíciles; en algunos casos, verdaderos rufianes que parecen salir de las películas de gángsters.

Por Julián Barsky*

Los comités conservadores

Algunos estudios sobre Carlos Gardel intentan señalar que el hecho de que haya cantado en comités conservadores respondió nada más que a una estrategia de supervivencia económica, ya que también lo hizo en comités radicales, donde brillaba el payador Gabino Ezeiza, de probada militancia en ese sector. Otros incluso mencionan que habría cantado en homenaje a don Alfredo Palacios, cuando aquél se convirtió en el primer diputado socialista de América, al ganar las elecciones de 1904 representando a la circunscripción de la Boca en Buenos Aires. Por otra parte, el hecho de haber interpretado algunos tangos con contenido social, como “Acuaforte” o “Al pie de la Santa Cruz”, inclinó a algunos a querer asociarlo a ese perfil, o incluso a simpatías anarquistas.
Benito Villanueva
Guste o no guste, lo cierto es que Gardel mantuvo durante toda su vida una estrecha relación de amistad y trabajo con los caudillos autonomistas –posteriormente llamados conservadores–, que dominaban el escenario político y social de la ciudad y la provincia de Buenos Aires. Pero cuidado, porque tipificar cualquier vinculación con las fuerzas políticas conservadoras como de perversa y, en contraste, a las relaciones con el radicalismo u otras fuerzas políticas como de "progresistas", es una simplificación que hay que evitar (es un poco como sostener, desde una postura actual, que Julio Argentino Roca era genocida, o Domingo Sarmiento un racista).
Con esta simplificación, se ignoran las características del sistema político de la época.

Los sectores altos de la sociedad gobernaban con un sistema electoral de muy baja participación social. No existían partidos políticos con estructuras formales, y esas funciones aún eran asumidas por grupos familiares o de amigos de un club o de universidad. También se compartía el reclutamiento de funcionarios en instituciones como la Sociedad Rural Argentina o la Unión Industrial.
El dominio sobre los sectores más marginales de Buenos Aires facilitaba contar con votos decisivos a la hora de dirimir los enfrentamientos electorales. Fenómeno al que algunos autores han denominado “populismo oligárquico”,  o “paternalismo oligárquico” (en fin...). Esta política fue la base original de sustentación de los dos movimientos mayoritarios que se plasmaron en la escena política argentina de fines de siglo. Es por ello que al liderazgo caudillista de Alsina en Buenos Aires, a través del Partido Autonomista, no hubo mejor continuidad que el de Leandro N. Alem, padre de la Unión Cívica Radical, creada en 1890.
Este período estará signado por la absoluta hegemonía del autonomismo nacional, que ostentaba el control del proceso electoral mediante su limitación y explícitos procesos fraudulentos. Benito Villanueva, caudillo autonomista de la provincia de Buenos Aires, nacido y criado en la parroquia de Balvanera, señalaba como un gran adelanto de la época –a partir de las reformas electorales de 1902– el hecho de que en las elecciones de 1906 los votos se hubieran pagado a razón de diez pesos cada uno, "en lugar de obtenerlos a los balazos". En 1908 Marcelino Ugarte, ex gobernador de la provincia de Buenos Aires, rebautizó la unión de autonomistas y restos de otros partidos con el nombre de Partido Conservador. Esta denominación se hará extensiva en la siguiente década a los distintos partidos provinciales que enfrentaban al radicalismo, que pasaron a llamarse fuerzas conservadoras, ya que pretendían “conservar” el manejo político del régimen con los viejos procedimientos.
Constancio Traverso en su comité
del barrio del Abasto.

El joven Gardes (el apellido de origen de Carlos, luego se lo cambiaría por "Gardel"), quien por entonces ya intentaba sobrevivir como cantor, comenzó a vincularse a los comités conservadores y los centros criollos afines, principalmente en la zona del Abasto. Ello no le obligaba a adherir a determinadas ideas, ya que las lealtades eran personales; y mucho menos a ser hombre “de acción” (un matón, bah), dado que también eran muy valorados los payadores y los cantores criollos, pues con su arte contribuían a aglutinar al electorado. Nada diferente, por cierto, de lo que ocurría en los comités radicales o en los de los demócratas progresistas acaudillados por Lisandro de la Torre. Además, existía un hecho no menor, y era que los comités del partido Conservador eran los que siempre estaban abiertos y en actividad durante todo el año. En cambio, los locales radicales y socialistas sólo se habilitaban en tiempos previos a las elecciones. Resultaba natural, entonces que Gardel y otros músicos desembocaran en el mundo de los comités conservadores.
Al respecto, el guitarrista y compositor Rafael Iriarte ha señalado: “Yo lo conocí (a Gardel, nos) mucho antes de su aparición en el barrio del Abasto. Fue en 1907, en casa de mi compañero de siempre, Domínguez. Se festejaba un cristianamiento  y entre los concurrentes a la reunión se encontraba un muchacho cantor apodado ‘El Morocho’. Durante esa fiesta de mi recuerdo, cantó como él sólo sabía hacerlo, mientras manoteaba las cuerdas de mi guitarra. Por esa época Gardel cantaba en los comités, como el regenteado por Felipe Gómez, situado en Quito entre Mármol y Muñiz. En ese comité, al igual que en muchos otros, se jugaba, y a ellos acostumbraba caer el ‘Morocho’ para procurarse unos pesos. Ya poseía una innata simpatía, que más tarde lo llevaría a conquistar todos los públicos”.  En esta dirección, fue decisiva su vinculación a los hermanos Traverso, principalmente "Giggio" y Constancio

¿Cómo llegó a relacionarse el Zorzal con Barceló y, por ende, con Ruggiero? 
Los Traverso, más allá del negocio gastronómico, respondían a Pedro Cernadas, político muy cercano a Barceló. La fonda no demoró en transformarse en centro de referencia para pergeñar estrategias políticas y comprar votos y voluntades. Los Traverso manejaban, en Balvanera Oeste, el comité de la calle Anchorena, entre Tucumán y Zelaya, donde solían ir a payar Betinotti, Ezeiza y varios más. Una versión cuenta que Constancio Traverso y Gardel estuvieron muy próximos al llamado Partido Asociación Popular, que en la novena sección acaudillaba el dramaturgo Gregorio de Laferrere
(para ver más información, se puede entrar al siguiente post: "El O´Rondeman: los guapos del Abasto rimaron mi canción")..


Barceló y el populismo de Avellaneda

"hordas de Atila o Alarico habían entrado en Avellaneda"
(Fuente: El diario El Pueblo, 1911).
Barceló y Avellaneda fueron sinónimos. Las vinculaciones de Carlos con los comités conservadores se prolongarían y afianzarían al relacionarse con el caudillo de Barracas al Sud (rebautizada Avellaneda en 1904). En esta zona pernoctaba el ganado en tránsito para ser llevado luego al matadero. Las tropas de carretas hacían allí una última parada antes de su destino definitivo, la plaza Once de Septiembre, no muy lejos de la casa de Carlos. La barriada pobre de Avellaneda alternaba baldíos con almacenes de frutos del país y pulperías, bordeando siempre el Riachuelo. En las puertas de pulperías y fondas las hileras de caballos esperaban a sus dueños, que se entretenían cruzando información. Milongas, y luego el tango, nacieron al compás de los payadores urbanos como Betinoti, Ambrosio Ríos, Generoso Damato y Pablo Vázquez. El primer cine pornográfico, El Farol Colorado, era la antesala de la isla Maciel, donde las prostitutas recibían a malevos, compadritos, cuarteadores de carros y jóvenes de la alta sociedad. A la par, proliferaban los burdeles y lugares de juego (hacia 1911, llegó a haber treinte y tres casas de juego registradas) . 


El patriarcado Barceló

Para entender la dimensión de Alberto Barceló en el génesis moderna de Avellaneda, es preciso ahondar un poco en sus orígenes.

Su abuelo fue Salvador Barceló. Nacido en España en 1791, había venido a la Argentina en 1800, convirtiéndose en propietario y rentista en la región de Concepción del Uruguay, provincia de Entre Ríos. Allí entabló relación con los caudillos de la región, principalmente con Urquiza.
Hacia mediados de siglo, parte de la numerosa familia Barceló se trasladó a San Telmo, pasando a vivir en la calle Méjico. Completaba el cuadro familiar el propio Gerónimo Emilio, con 25 años y oficio "comerciante al menudeo"; Tornada Barceló, porteña, de 45 años, esposa de Salvador; Florentina Barceló, la hermana menor de Emilio (18 años), y dos sirvientes: Ramón Torres, también español, y Catalina Barceló, africana (era común que los hijos de esclavos que habían sido liberados adoptasen el apellido de la familia para la que trabajaban. Un caso emblemático al respecto fue el de la familia de Gabino Ezeiza, el payador).
Ese mismo año, Salvador escribe su testamento. Allí reconoce a sus hijos legítimos: Justa Dolores, José Gabino, Salvador, Teócrito Celestino, y los mencionados Florentina y Gerónimo Emilio (el padre de Alberto). En dicho testamento también ordena la carta de libertad de su esclavo Simón (que aún se hallaba en Entre Ríos)... "encargando a mis albaceas lo atiendan y cuiden hasta el fin de su existencia". Es probable que la sirvienta Catalina estuviera en la misma condición.

Antes de venir a Buenos Aires, y aprovechando los contactos parentales, Gerónimo Emilio se había convertido en un hombre con fuertes vínculos políticos.
Gregoria Oporto contaba con unos 16 o 17 años cuando conoció al hijo de Salvador. Por entonces vivía en San Telmo, no lejos del hogar de Salvador. Evidentemente la relación entre los Oporto y los Barceló ya existía entonces, pues junto a Gregoria vivían José Oporto (labrador), esposo de Dolores Barceló (¿se tratará de Justa Dolores, la hija de Salvador? Qué lío!); Emilia Barceló, nacida en Entre Ríos y Juan Barceló, de 20 años, barbero. También aparecen dos niños llamados Domingo y Erminio Barceló, de cuatro y dos años respectivamente (curiosamente, los nombres de los dos primeros hijos del futuro matrimonio Barceló-Oporto).
Poco después, Gregoria quedó embarazada. Gerónimo Emilio y Gregoria se casaron. Esto ocurrió el 28 de noviembre de 1856; la pareja ya se había trasladado a Avellaneda. Tres meses más tarde, nació el primer hijo del matrimonio, Emilio Benigno (13 de febrero de 1857). Al año siguiente nació el segundo: Domingo Faustino. Estos dos hermanos serán muy unidos, como ya veremos.
En 1859 llegó al mundo su primera niña: Nicolaza Laura, nacida el 6 de diciembre y bautizada el 17 de enero del año siguiente.
Siete años pasaron antes de la llegada del cuarto hijo. El 6 de mayo de 1867 nació Juan José, siendo bautizado el 14 de octubre de 1867. Allí, Emilio padre figura con 34 años, y Gregoria con 29.
El 11 de enero de 1869 llegó Higinio Enrique, nacido en Capital.

En el censo de ese año, los Barceló aparecen con sus cinco hijos: Emilio (12), Domingo (11), Laura (10), Juan (2), Henrique (sic) (1). No figura la profesión del padre (aunque algunos sostienen que era mayoral de la diligencia que hacía el recorrido entre Magdalena y Barracas al sud). Dolores, la madre de Oporto, aparece viviendo con ellos.

Alberto Barceló -el séptimo hijo de nueve- nació en Barracas al Sur, el 22 de diciembre de 1873 y fue bautizado el 7 de marzo del año siguiente. Sus padrinos fueron sus propios hermanos: Nicolaza Laura y Emilio Benigno.

Domingo se casó el 15 de enero de 1887. En su acta de casamiento figura de 28 años, y al lado "digo veintinueve años once meses 4 días". Figura como empleado. Se casó con María Flora Piaggio. Gregoria -su madre- aparece como madrina.
Por entonces, los hermanos mayores ya comenzaban a desempeñarse en la política, al tiempo que manejaban todo tipo de negocios oscuros (Domingo ya formaba parte del Consejo Deliberante, y Emilio, conocido como "El manco", regenteaba un prostíbulo en Avellaneda, al tiempo que era ¡Juez de Paz!). En el censo de 1895, Domingo y su esposa figuran viviendo en la sección 19 de Capital (el barrio de la Boca), y los dos se sindican eufemísticamente como propietarios, sin oficio. Emilio figura viviendo con ellos, soltero y comerciante...

Juan José -otro de los hermanos-, por su parte, se casó con María Lidia Pouré, y partió a vivir a Zárate, provincia de Buenos Aires; allí pasó a desempeñarse como empleado de la policía. Al año siguiente, y con el nacimiento de Amalia, su segunda hija, el matrimonio retornó a Avellaneda, instalándose en la calle Belgrano 92. Su hermano Enrique Higinio fue padrino del bautismo.
Enrique vivía en el partido de Chacabuco, provincia de Buenos Aires, desempeñándose como agricultor. Declara ser soltero y tener veinticuatro años.
La presencia política de los Barceló se remontaba al gobernador Carlos Alfredo D’Amico, abogado porteño nacido en 1839 (es posible que el acceso a los puestos de Juez de Paz tengan que ver con su influencia, o quizá de Marcelino Ugarte padre, que llegara a miembro de la Corte Suprema) y que tenía su centro de acción en La Plata. Uno de los caminos habituales de entrada al mundo de la política fue a través de la policía bonaerense: ya vimos que Juan José figuraba en el censo de 1895 como empleado de la policía; también Alberto e Higinio Enrique ocuparán sendos cargos en la fuerza.
Ya en funciones políticas, Domingo Faustino fundó en 1890 el pueblo Barceló, en lo que hoy es Lanús Este. Siete años después participaba en el negocio de instalación de redes de cañerías de agua potable, se incorporó al Concejo Deliberante y en 1901 fue elegido intendente, hasta 1903. Domingo había sido diputado provincial al mismo tiempo que intendente, y tenía estrechas relaciones con el gobernador de la provincia Marcelino Ugarte (es posible que fueran parientes; Natividad Ugarte figura viviendo con varios Barceló y Gregoria Oporto en 1855, luego se casaría con Juan Pablo Barceló), lo que le facilitó colocar a su hermano mayor en el mismo cargo.
Emilio fue comisario de policía y Juez de Paz (en 1895, 1897, 1899, 1900 y 1903), y luego, intendente entre 1907 y 1908. En cuanto a los otros hermanos, Juan José fue comisario de Tablada y director de Rentas de Avellaneda; Enrique, diputado provincial, comisario de Tablada e inspector general, y Arturo, jefe de Impuestos Generales.

Pero quien superaría a todos sería Alberto. En el censo del 15 de mayo 1895, figura como "Alberto Barseló" (sic), viviendo en La Plata, soltero, y desempeñándose como empleado de la policía. Es censado dentro de la fuerza.
Don Alberto Barceló: .¡Es una barbaridad ese impuesto a las casas de juego!
Marcelino (Ugarte, nos): ¿Y a mí qué? ¡Aprés moi, le déluge!
Don Alberto: ¡Qué hasé, Luis quinse!
(Revista PBT, 16 de setiembre de 1916)

Y aquí dejo un interrogante: ¿habrá conocido a Fortunato Muñiz por aquél entonces?
(para quien no sepa quién era Fortunato: fue el marido de Anaís Beaux, amiga de Berta. En el censo de 1895, Fortunato figuraba viviendo en La Plata, y desempeñándose como empleado de la policía. El matrimonio supo vivir con la madre de Carlos Gardel hacia la década del 20 y el 30).

Sobre su desempeño en la fuerza, Norberto Lofino explica un poco más, no sin cierto aire romántico: "Fue Comandante del Batallón de Guardias Nacionales -bombacha, polainas blancas, quepis, mochila de cuero y remington-, en una oficialidad que incluía los nombres de Genaro Fernández, Domingo Barceló y Ramón Mignaburú, entre otros".

Continuando la tradición familiar, Alberto asumió la intendencia de Avellaneda el 1º de enero de 1909. Su gestión se apoyó en una gestión muy personalista, basada en el desarrollo de obras públicas, lo que le permitía obtener importantes recursos a través de las comisiones cobradas a las empresas constructoras y de servicios. Durante su mandato concretó la pavimentación de avenidas, la construcción de calles y caminos, el corralón municipal, la rectificación del cauce del Riachuelo, construyó el Hospital Fiorito –donado por la familia de ese nombre, que eran rematadores de la zona–, desarrolló líneas tranviarias, e instaló la red eléctrica. Esta política de otorgar amplias facilidades favoreció la radicación de una gran cantidad de industrias y empresas comerciales: nuevos frigoríficos, refinerías de petróleo y astilleros. También organizó el primer censo municipal, la reglamentación de los prostíbulos y la prohibición de la exhibición de filmes pornográficos.

Alberto Barceló (segundo de la izquierda), en su época de intendente.
Con este poder, el control político del caudillo en Avellaneda era total. Durante años impuso el fraude en la escasa clientela electoral, ya que podía satisfacerla con recompensas burocráticas directas o la distribución de alimentos desde la Intendencia, como ocurrió durante la crisis iniciada en 1914 por el desarrollo de la Primera Guerra Mundial. Ese año, el Partido Conservador de Barceló se imponía en las elecciones con 2.760 votos, contra 1.154 de los radicales y 1.058 de los socialistas. La oposición a los conservadores bautizó el sistema como "fraude oligárquico". Los conservadores dieron vuelta el término: lo llamaron "fraude patriotico"...

En 1916, se instauró el voto secreto y obligatorio. Allí Barceló mostró que tenía verdaderas uñas de guitarerro, y más vidas que el gato. Cuatro años después, cuando los socialistas están en auge, se une con ellos para colocar al dirigente de este partido Jacinto Oddone al frente del municipio. Al subir Alvear a la presidencia se alía con Yrigoyen, quien lo visita en Avellaneda para tal fin. En 1923 se separa del Partido Conservador, fundando el partido Provincialista y vuelve a triunfar en las elecciones de esta ciudad. Durante treinta y seis años Barceló ejercerá el poder en Avellaneda, directamente o a través de hombres de su confianza, como Salas Chaves, Lacambra, Groppo y Estévez.

Los músicos

La vida social de los comités era intensa. Muchos músicos frecuentaban la zona, presentándose en el bar El tropezón y el Café de Ferro, como supo hacer el bandoneonista Carlos Marcucci en un trío con Raimundo Orsi –que luego sería un famoso futbolista de la Selección nacional– y Riverol, más adelante guitarrista de Gardel. En el café y fonda La Buseca, triunfaría Eduardo Arolas, a quien le seguirían los bandoneonistas Genaro “el Tano” Spósito, y Arturo Berstein, “el Alemán”.
La relación de Carlos con los prostíbulos de la zona también fue importante. Con el tiempo, el artista homenajeará a uno de los burdeles más conocidos de Avellaneda grabando el tango “La Chacarera” de Juan Maglio, José Servidio y A. Caruso, que en su descarnada letra original decía: 

“Chacarera, chacarera,/ No me hagas más sufrir./ Todos duermen en tu cama./ Yo también quiero dormir./ La chacarera tiene una cosa/ Que ella la guarda/ Con gran cuidado/ Porque es chiquita/ Y es muy sabrosa”.



Al constituirse el dúo Gardel-Razzano hacia 1913, se convirtieron en un presencia fija de los comités conservadores de Barceló, en una relación que, con sus altas y bajas, duraría toda la vida. Así, Esteban Capot, amigo de la infancia de Carlos, relata: “... en las reuniones políticas que realizaba el caudillo de Avellaneda a favor de sus campañas, casi siempre en teatros, el dúo salía a cantar como atracción. Cuando los anunciaban, cualquier recinto, por grande que fuera, se llenaba. Y como atraían grandes cantidades de gente, ganaban mucha plata y eran, para Barceló y para los dirigentes del partido, los niños mimados”.                                                           
A pesar de la presencia de los artistas y una intensa campaña publicitaria, los resultados (nacionales, aclaro) de la elección de 1916 fueron contundentes: la fórmula radical Hipólito Hirigoyen-Pelagio Luna obtuvó casi el 47% de los votos, contra el 21,57% obtenido por los sanjuaninos Angel Dolores Rojas y Eugenio Serú, candidatos del Partido Autonomista Nacional.

Los documentos

1 de abril de 1916. En la víspera de las elecciones,
Gardel y Razzano (segundo y tercero de la izquierda)
acompañan a los candidatos conservadores por una gira proselitista
en el interior de la provincia (Fuente: Revista P.B.T.).
"Recuerdo que don Alberto Barceló había contratado al dúo Gardel-Razzano para una campaña política. Las conferencias se realizaban en teatros y bastaba que se anunciara a estos dos cantores para que el local se llenase de bote en bote. Les pagaban muy bien y eran los niños mimados de toda la ciudad". Don Alberto, a pedido de Carlitos, le hizo dar una cédula de identidad, en la que figuraba como nacido en Avellaneda. Este documento le servía para no tener obstáculos en sus giras y fue extendido a nombre de Gardel, su apellido teatral", afirmaba  Capot.
Según la versión de su novia Isabel del Valle, consiguió una cédula de identidad con su nombre artístico y el número 383017, donde figuraba como nacido en Avellaneda, el 11 de diciembre de 1890. Dicho documento habría sido conseguido gracias a la gestión del jefe policial bonaerense Cristino Benavides. De haber ocurrido este hecho, tuvo que ser entre 1909 y 1917, años en que Barceló fue el intendente de Avellaneda (el 23 de septiembre, el gobierno radical interviene la provincia).

Una nota del diario La Razón del 21 de julio de 1915 nos puede dar una pista más concreta. Allí se informaba que “…debido a las gestiones del doctor Andrés Demarchi y del señor Benjamín Bertoli Garay, con la cooperación del poeta brasileño Coelho Netto, el prefecto municipal doctor Rivadavia Correia ha resuelto conceder el Teatro Municipal para que en él actúe una compañía argentina que deberá visitar aquella ciudad y San Pablo a fines de agosto próximo".

El 12 de agosto quedó conformada la compañía Dramática Rioplatense encabezada por Ángela Tesada y Enrique Arellano, Camila y Héctor Quiroga, Matilde Rivera y Enrique de Rosas, y Rosita Catá con Alberto Drames. Entre otras figuras de la escena nacional que se sumaron, se incluyó al dúo Gardel-Razzano, que ya contaba con un nombre en el ambiente.
Gardel necesitaba un documento de identidad para poder viajar a Brasil. Para ello se presentó a solicitar la Cédula de Identidad ante las autoridades de La Plata. Esto ocurrió el 8 de agosto de 1915. Los datos que declaró fueron los siguientes:

 “Carlos Gardel, natural de la R. Argentina, nacido en La Plata, Provincia de Buenos Aires, el 11 de diciembre de 1887, hijo de Carlos Gardel y de Berta Gardel, de estado civil S(soltero), de profesión empleado, quien sí lee y escribe y domiciliado en La Plata calle 2 N° 1013 y que adjunta fe de bautismo y libreta de enrolamiento".

Sin ponerme aquí a analizar los datos -que lo dejaré para otro post-, diré que los mismos no coinciden con los que otorgara a la Policía cuando fuera detenido en 1904, ni los que presentara en el Consulado de Uruguay de 1920, ocasión en la que solicitó su Registro de Nacionalidad.

En la solicitud de 1915, figuran como testigos Dardo Benavides, domiciliado en la calle 53 y 2, y Domingo E. Marchesi, con domicilio en la calle 61, No.665.

Prontuario de Carlos Gardel de 1915.
Como se puede ver, el apellido "Benavides" aparece mencionado una y otra vez.
Los Benavides eran una familia fuertemente vinculada a la fuerza. Los padres de Cristino y Dardo se llamaban Eufemina Ypar de Benavides y Eduardo Benavides, y habían nacido en Salto, Uruguay, donde se casaron el 23 de junio de 1868. El matrimonio vivió en San Eugenio (Uruguay) hasta 1878, luego se mudó a Río Grande (Brasil), donde residieron entre 1878 y 1886, año en que se mudaron a La Plata, provincia de Buenos Aires. 
Cristino -el que mencionó Isabel como responsable de la documentación obtenida por Carlos- había nacido en Río Grande, hacia 1880. Era el tercer hijo de nueve. Hacia 1895, tanto Cristino como Modesto y Clemente -sus dos hermanos mayores-, figuraban como empleados de la policía.
Dardo -quien se señala como uno de los testigos del pedido de cédula de Gardel de 1915- fue el penúltimo de los hermanos Benavides. Había nacido en la provincia de Buenos Aires hacia 1889. En 1895 ya concurría a la escuela, junto con cuatro de sus hermanos. Sabiendo que Alberto Barceló vivía en La Plata en esa misma época, y también se desempeñaba dentro de la fuerza policial, no es difícil ver el origen de los contactos.

El otro testigo que figura es, probablemente, Domingo Eduardo Marchesi, quien se desempeñaría en su vida adulta como notario. Marchesi nació en Montevideo, Uruguay, el 7 de marzo de 1878. Era hijo de Enrique Eduardo Marchesi y María Teresa Fignone.

El Pive Carlitos

Uno de los elementos que llama la atención es el de que la policía bonaerense, al solicitar antecedentes de Carlos a la policía federal, recibe el siguiente informe:

“...es conocido con el apodo del Pive Carlitos y sindicado como estafador por medio del cuento del tío”.
("Policía de la Provincia de Buenos Aires, Comisaría de Investigaciones, Prontuario Gardel, Carlos - El pive Carlitos", N° 25.310, La Plata, agosto 14 del año 1915").

"PIVE fue una palabra elegida adrede y significa "Aprendiz", "Persona que ayuda a su mentor o maestro". Es diferente a PIBE que significia "Niño, joven, muchacho", aclara Marcelo Martínez. Uno deriva del dialecto Xeneixe y el otro es un lunfardismo (algunos estudiosos creen que proviene del catalán "pevet" y que significa “incienso”. Se utiliza también en España, con el mismo significado de "Niño, muchacho, chaval"). 

En cuanto a "el cuento del tío", era una variante de estafa bastante habitual en aquella época. La más utilizada consistía en que una persona exhibía a un incauto una documentación donde mostraba que había recibido una enorme herencia de un tío fallecido en una provincia lejana. Sin embargo, el problema era –según el cuentista– que no tenía dinero para viajar a esa provincia y pagarse el alojamiento. Lo que se hacía era firmar una especie de acuerdo por el cual el cuentista cedía parte de su herencia y a cambio, la víctima aportaba el dinero para el viaje, un hotel y, a veces, los gastos de abogado. En algunas ocasiones, el cuentista tenía un cómplice que fingía competir con la víctima por quedarse con el “negocio” (también se lo llamaba "el cuento del chacarero", porque solían ser víctimas personas del interior, recién llegadas a Capital). 
Otra variante era la de "vender un buzón". Los buzones, desde el origen del correo en Argentina hasta pocas décadas atrás, pertenecían al Estado y estaban asentados en numerosos lugares de la vía pública. A fines del siglo XIX y comienzos del XX, se impuso la frase en cuestión, apuntando a aquellos ciudadanos de Buenos Aires que intentaban “venderle un buzón” a gente poco avispada o a inocentes pueblerinos recién llegados a la metrópoli. Desde entonces, la expresión alude a estafar a alguien, o al menos intentarlo, abusando de la confianza o de la ignorancia del interlocutor de turno.

"El cuento del Tío" cuenta con una larga tradición
en la cultura porteña, como lo muestra
esta publicación de 1940.
En los años en que Gardel aún no lograba hacerse de una posición con su canto, no resulta extraño que apelara, además de pasar la gorra en los boliches y lugares similares donde podía cantar, a otras actividades irregulares. La del “cuento del tío” era una de las más comunes que formaban parte de la picaresca porteña. Tal es así que en La Revista “Papel y Tinta” en 1908 se inicia un concurso denominado “Como estafaría Ud. a su sastre” en que los lectores se extienden en diversas triquiñuelas para hacerse de la ropa que se encargaba sin pagar por la misma. Son claramente “cuentos del tío” y, obviamente, pequeñas estafas. Una de las propuestas, para que no queden dudas al respecto, es firmada con el seudónimo de Staffariello que en su nota señala: "Para concluir agregaré que si Papel y Tinta no me considera ya bien servido con el producto de la estafa, yo estoy convencido de que me vendría perfectamente el traje que se disputa en este original concurso". Por cierto la revista recoge una gran cantidad de propuestas al respecto.

¿El Morocho del Abasto y el Poeta de la Cárcel, socios?

El Diario relata la detención de
Andrés Cepeda como "cuentista".
(Fuente: Colección Raúl Torre).
Un dato curioso surge de parte de las primeras composiciones cantadas por Gardel. Su autor era Andrés Cepeda, al que le decían “el poeta de la cárcel”. Cepeda pasó muchísimos años de su vida preso y terminó muriendo en una pelea en el bajo porteño. También Cepeda supo figurar como estafador en la modalidad del "cuento del tío". Una hipótesis es que Gardel y Cepeda haya compartido cárcel o detenciones en alguna comisaría. Torre -perito policial- sostiene que en aquel entonces se separaba nítidamente a los delincuentes en las prisiones. Estaban los de la “pesada”, que se refería a aquellos que cometían delitos con armas, y se los llamaba así porque portaban un calibre 45, arma muy pesada en la época. Los de la “liviana” eran los estafadores. Es una hipótesis muy débil; no obstante, de lo que sí hay certezas es que Razzano sí conoció y trató a Andrés Cepeda.

En 1904, cuando Carlos apenas contaba con trece años, fue detenido en Florencio Varela, provincia de Buenos Aires, por abandono del hogar.
"Last Reason" -seudónimo del periodista Máximo Sáenz, que supo ser amigo de Gardel en su adultez-, relató la escena de una manera muy particular:
"Cuentan que una vez, siendo todavía pibe, cayó en cana por una de esas ranadas que después adquieren categoría de delitos. El comisario le clavó los ojos, adustoys y fieros, escrutadores y agresivos:
-¿Así que vos ya andás en cosas sucias no bandido?
Y como él callase, muy serio y asustado, palpitando un bife o un encierro, el comi siguió:
-Bueno hablá pues hombre... decí algo al menos...
Fue entonces que la viveza del muchacho saltó como un resorte...
-¡Y qué voy a decir mi comisario!... Pero si me deja cantar, le canto...
Y cantó; cantó hasta que la comisaría se llenó de gente; gente que después cuando el chingolito no dio más, le llenó la gorra con chirolas".

Una anécdota relatada por José Razzano en sus memorias me hace pensar que las "ranadas que después adquieren categoría de delitos" de Carlos Gardel vienen de antigua data.
“Fue una vez, en un pueblito cualquiera –recuerda Razzano sobre una gira que realizaran en 1912 junto a Salinas y Martino, por la provincia de Buenos Aires–. ¡Quién le dice que por ahí me lo veo a Gardel que en un movimiento rápido y sin notarlo Salinas, se echa la mano atrás! Me olí la escabullida de un billete y cuando volvió Carlos al escenario lo interpelé por lo bajo:
”–Che... ¿Nos estás matando?
”–Callate –me contestó en el mismo tono–. Los que van muertos son los otros. A vos te arreglo”

Hay una tercer relato, presentado por García Jiménez (quien supiera ser conocido de Gardel y biógrafo de Razzano). Allí cuenta que, hacia 1914, un funcionario policial llegó a la casa de Razzano de parte del comisario Eduardo Santiago, solicitando que aquél se presentara en la comisaría. Los hombres salieron de inmediato.
Al llegar, le recibió el propio Santiago.

-Lo he mandado a llamar porque quiero que se acaba de una vez por todas una situación que no me gusta.  Usted y Gardel son ahora dos artistas de primea categoría. De usted no tuve nunca una queja. De su compañero Carlos, sí. No por culpa de él. Por ciertas "amistades" que no lo favorecen". Acto seuido, el comisario pasó a describirle que la noche anterior, los miembros de Robos y Hurtos habían realizado una detención masiva en un café de Villa Crespo. Entre los presentes se hallaba Gardel, cantando en la trastienda. La policía no se había animado a detenerle por tratarse del artista; era por ello que Santiago le encomendaba a Razzano que hablara con su compañero.

-Mirá, yo no te voy a negar que a la rueda de anoche se habrán agregado alguno que otro malandra -se defendió Gardel al ser interpelado por Razzano-. Pero eso de que los "tiras" no arrearon porque el jeme nos estima... no está bien claro, ¿eh?, lo que pasó es que la reunión les gustó, se senataron, tomaron unas copas, me entraron a pedir que cantara esto, que cantara aquello otro, y me aplaudían tan fuerte  los "tiras" que les tuve que batir varias veces: "Despacio muchachos.... que es capaz de caer la cana".

Lo concreto es que el 15 de agosto de 1915, efectivamente Gardel recibió su cédula, irregular a todas luces: dos días más tarde, se embarcaba con el resto de la compañía.
El viaje de 1915, más allá de los resultados artísticos, muestra que el vínculo de Carlos con estafadores y ladrones seguía existiendo. Un episodio confuso ocurrido en Río de Janeiro nos presenta a Gardel detenido junto con otros delincuentes, a quienes el cantor adujo conocer de "sus tiempos del Abasto". Según la anécdota, Carlos se defendió declarando no pertenecer a la banda y ser uno de los cantores que actuaba en el teatro. "Cantor? -le respondió el comisario - vocé e un gatuno". Únicamente la presencia de Elías Alippi como director de la compañía pudo poner fin al malentendido.

Precisamente Alippi sería "víctima" de Gardel en ese viaje, mitad en serio, mitad en broma. Una vez más Razzano, que supo acompañarle en la acción, relata:
“...nos encerramos en nuestra habitación y Carlos se lanzó sobre los bolsillos como el águila sobre el corderito…¡Qué olfato el de El Morocho!  Efectivamente, uno de los bolsillitos de marras estaba asegurado con un alfiler de gancho. Y dentro había cinco libras esterlinas envueltas en un trapo…..que pasaron a nuestro poder mientras Gardel dejaba el trapo en el bolsillito, volvía a prender éste cuidadosamente con el alfiler y retornaba el pantalón doblado a la silla. Bien dicen que la necesidad tiene cara de hereje. Y manos de prestidigitador….y pisadas de gato…”.


En París
Cuando Gardel comience a viajar a Europa por motivos artísticos, su antigua relación con personas de los bajos fondos le llevará a tener más de un disgusto en su vida profesional.
En las décadas del 20 y el 30, no todos los argentinos que visitaban la capital francesa eran turistas y músicos, sino que también solían aparecer todo tipo de delincuentes que, a su manera, venían a "probar suerte".

El sábado 14 de febrero de 1931, Gardel, Alfredo Lepera y Edmundo Guibourg tuvieron un encuentro poco agradable y muy sugestivo. Se hallaban cenando en el Gavarni cuando "de pronto se abrió la puerta de la ochava y entraron tres tipos -recuerda Guibourg-. Los conocíamos de vista porque eran argentinos y andaban siempre por los lugares que frecuentábamos nosotros... Pero habíamos oído ciertos rumores, y tratábamos de eludirlos..."
A pesar de sus esfuerzos, los hombres les reconocieron. Gardel saludó.

-Ese amigo suyo, Fernández...
-Mire viejo -contestó Carlos-. Fernández no es amigo mío. Conocido, como usted...
-Bueno sí... Pero usted puede decirle... A usted le va a hacer caso. Es mejor que nos entendamos a las buenas...
-Si yo puedo arreglar algo, encantado. Pero yo no sé nada de las cosas de ustedes...
-No hace falta -replicó el otro- Nos mandó mue
Gardel caminando por las calles parisinas.
rtos en tres mil francos... Si se hace el vivo le puede costar caro. En cambio, si usted le habla...
-Bueno... ta bien -cerró Gardel, y volvió a su mesa.

Carlos comentó el tema con sus compañeros. Tras titubear un momento, decidió que era hora de partir: 
-Piantemos de aquí esta noche. Si los vuelvo a encontrar, no voy a tener más remedio que hacer algo...

Al día siguiente, el barrio de Montmartre no hablaba de otra cosa que del triple homicidio ocurrido en el Café de Madrid, en el boulevard de los Italianos. El tal Fernández había baleado a los tres hombres de la noche anterior.

-Pero mirá vos -reflexionaba más tarde Gardel- Mirá si me meten en el lío y voy ahí de mediador. Seguro que me ligo un balazo.

Manuel Pizarro, amigo del cantor desde los tiempos del Abasto, aseguraba que Gardel "era amigo de la Ritana, dueña de una pensión clandestina en la calle Florida, y esa amistad lo había metido en entreveros con los macrós franceses. Todos los del ambiente sabían que Carlos era de Toulouse, y él tenía miedo de que lo denunciaran como desertor al servicio militar. Para evitar que en Francia lo llevaran preso anduvo varios meses tratando de gestionar un pasaporte argentino, pero por más influencias que movió no quisieron dárselo. Un amigo de Tacuarembó le arregló entonces el asunto, y así pudo Gardel salir, con pasaporte uruguayo y tres años más de los que tenía. De todos modos, en París anduvo siempre con la preocupación de que lo descubrieran".


"Ruggierito"

Debido al éxito y el roce internacional, Gardel fue alejándose de cierto círculo de amistades. Con otros, en cambio, siguió manteniendo la relación hasta su muerte. Uno de ellos fue Ruggierito.

Juan Nicolás Ruggiero nació el 24 de junio de 1895 en la isla Maciel, siendo bautizado al año siguiente en la ciudad de Buenos Aires. Sus padres eran Francisco Ruggiero, nacido en Nápoles en 1865, carpintero de oficio; y Amalia Lucacci, nacida en 1874, también italiana.
El tres de abril de 1897 nació Luisa Ernesta Virginia, hermana de Juan. Allí los datos de los padres figuran cambiados: el apellido de Francisco figura como "Roggiero". La madre figura aquí como nacida en la Argentina. La familia seguía viviendo en la isla Maciel, compuesta por lo menos por otros diez hijos.

A los catorce años, Juan pegaba carteles para el comité conservador de "don Alberto" (manera que comúnmente se denominaba a Barceló, al mejor estilo mafioso que combina respeto y temor). A los dieciocho pasó a custodiar a Enrique Barceló (aquél que fuera diputado provincial, comisario de Tablada e inspector general). En cierta ocasión, intervino en un feroz tiroteo con bandas rivales en la vereda de un burdel regenteado por el "manco" Barceló. Por su arrojo, será "ascendido", pasando a encabezar el comité de la calle Pavón 252, frente al frigorífico "El Alfa".
El "cuartel general" de Ruggiero estaba disimulado por algún negocio legal como tapadera; por ejemplo, la concesión de líneas de colectivos en Avellaneda. El ex periodista y ex comisario Esteban Habiague, describía así al oscuro personaje:

Carlos Gardel y Juan Ruggiero, hacia 1933.

"Retacón, medido, de una guapeza contenida pero evidente, sabía hablar. Se codeaba con los hombres de gobierno... Si algún opositor se ponía un poquito pesado en un comicio, si algún principista ciego se empecinaba en denunciar este negocio municipal, ahí estaba Ruggierito y sus muchachos de gatillo rápido. Ya don Alberto, con esa gran muñeca que todos le reconocían, hablaría luego al juez de turno en la tertulia del Jockey. De Avellaneda, en esa época macanudísima, nadie entraba a pudrirse en Sierra Chica".

Según el bandoneonista Miguel Bonano, fue él quien presentó a Gardel con Ruggiero: "yo era amigo de Ruggiero y también de Amaro Giura, que presidía el centro tradicionalista Los Leales. Giura era amigo de Gardel, quien varias veces actuó en ese centro. A través de esas vinculaciones fue como yo terminé haciéndome amigo de Gardel. Como a Carlos le gustaba mucho el escolaso, yo lo presenté a Ruggiero. Al final él y Juan se hicieron amigos también".

Por esos años, era común ver juntos a Ruggiero, Gardel, Amaro Giura y al escribano Nicanor Salas Chávez, mano derecha de Barceló.
Ya para entonces, el prontuario de Ruggierito era extenso: incluía antecedentes por robo, juegos prohibidos, abuso de armas, lesiones y homicidio.
En diciembre de 1915, Gardel recibió un disparo en un pulmón. El hecho ocurrió a la salida del Palais de Glace, en una trifulca poco clara. Su agresor fue Roberto Francisco Guevara, un joven nacido en Mendoza en 1889, hijo del ingeniero Roberto Guevara y Ana Linch (durante mucho tiempo se rumoreó que era pariente de Ernesto "Che" Guevara, por la coincidencia de apellidos; los familiares lo desmintieron).
Una versión -nunca probada- señalaba que este hecho habría sido por encargo de don Juan Garesio, dueño de otro salón de milongas, El Chantecler, en venganza del romance de su esposa Giovanna Ritana con Carlos (la misma que mencionamos líneas arriba; éste hecho sí está probado). Este ardid fue organizado en el café que existía en la Avenida Mitre 1919 del Gallego Rampín. Según esta versión, Ruggierito fue quien intervino para que Garesio no concretara su venganza.

El asesinato de Ruggierito

¿Quién mató a Ruggierito? ¿Fue un ajuste de cuentas?
Por esos años, supo haber otro matón célebre en Avellaneda: Julio Valea (el Gallego Julio) que trabajaba para los radicales, y cuyo asesinato por un tirador emboscado en el hipódromo de Palermo algunos adjudicaron a Ruggierito. El Gallego Julio estaba en el paddock mirando a su caballo Invernal, que disputaba la última carrera, cuando le alcanzó una bala.
El "Gallego" Julio.
También se sospechó de Barceló como instigador, pues en un acto político en el barrio La Mosca se habían escuchado gritos de "Barceló, no; Ruggierito, sí". Al anunciar el crimen, Crítica calificó a la víctima como "asesino" y el diario vespertino rival, Noticias Gráficas, como "dirigente conservador".
Antes de calzarse el uniforme policial, Habiague había sido periodista en La Razón y, luego, en La Tarde; fue administrador del Hipódromo de San Martín, además de oficiar de banca en algunos garitos. En ello estaba cuando Barceló le dijo: "Júntese 200 libretas y lo hago diputado provincial." Dicho y hecho: aquel hombre fue legislador por el partido de San Martín entre 1925 y 1928. El siguiente paso de su mentor fue designarlo como comisario inspector en Avellaneda. Desde aquel cargo, hizo excelentes migas con Ruggierito. Y en aquel contexto, una de las funciones policiales de Habiague era la de excarcelar por vía extrajudicial a los amigos y aliados que habían tenido la mala fortuna de caer tras las rejas. "En esa época –decía el comisario–, de Avellaneda nadie entraba a pudrirse en Sierra Chica."

Al respecto, Habiague solía evocar una anécdota: una noche, por cuestiones del momento, Ruggiero hirió de muerte a el "Pichón" Canevari, en un turbio almacén de Barracas, antes de darse a la fuga.
Al llegar la policía, interrogó al moribundo en estos términos: "¿Quién te hirió? ¿Fue Ruggierito?" La respuesta, declamada con el esfuerzo propio de la agonía, fue: "Vea, agente, el varón para ser hombre no debe ser batidor", falleciendo acto seguido.

Esta frase, real o no -agunos se la atribuyen a Andrés Cepeda-, sería luego tomada para el tango "No fue batidor - sangre maleva" (Juan M. Velich, Pedro Platas y Enrique Fausto Mora), que llevó al disco Ignacio Corsini:


Se oyeron los auxilios...corrió la policía, 

y en un charcal de sangre, sonriendo al taita halló 
que herido mortalmente, rebelde en su agonía, 
con voz de macho entero, sin pestañear habló; 
"No me pregunten, agentes, el hombre que me ha herido, 
que será tiempo perdido porque no soy delator... 
Déjenme, no más, que muera, y esto a nadie asombre, 
que el varón para ser hombre no debe ser batidor. 

El 21 de octubre de 1933, Ruggierito había ganado una fuerte suma en el Hipódromo de La Plata. Apenas unas horas antes, pasó por su casa para cambiar el traje de lino blanco por otro oscuro, que adornaría con una rastra criolla. Después se hizo trasladar en su Cadillac a lo de Elisa Vecino, una de sus mujeres. Ella vivía en la calle Dorrego al 2000, del barrio de Crucecita. A las nueve de la noche, la pareja conversaba con Ana Gallino; al rato, se sumaría su esposo, Héctor Moretti, un pistolero con quien Ruggierito tenía amistad. Su chofer –llamado Joselito– dormitaba en el Cadillac. Hasta que el estampido de una 45 lo arrancó del sueño.

Ruggiero intentó sacar su arma, pero cayó desplomado. Moretti hizo unos disparos, mientras apoyaba al moribundo sobre el regazo de Elisa. Y saltó al estribo del Cadillac, que arrancó con un chirrido. La carrocería lucía huellas de proyectiles. Casi sin frenar, el herido fue cargado en el asiento trasero, antes de que Joselito enfilara hacia el sur, en dirección al hospital Fiorito.
Barceló llegó al hospital con una docena de guardaespaldas, mientras afuera una pequeña multitud velaba en silencio. Los esfuerzos de los médicos fueron en vano: Ruggiero había fallecido.
“Juancito Ruggiero/ Al que un plomo traicionero/ Lo mató, y desde ese día,/ Ostenta la viola mía/ Un luto en el clavijero” (Bartolomé Rodolfo Aprile, director de la revista El Alma que Canta).

Algunos miles de personas marcharon por la Avenida Mitre, portando el féretro de Ruggiero cubierto con una bandera nacional. Fue enterrado en el cementerio de Avellaneda, con la presencia de Barceló y otras autoridades provinciales.
Habiague concluyó su carrera en esos mismos años, sin dar con los asesinos. Mucho tiempo después, en 1965, el comisario departía con un conocido en una mesa de la confitería El Molino. Allí reveló lo que se sospechaba: "A Juan lo mataron sus amigos." Y tras una pausa, agregaría: "Lo mataron porque ya no les era útil".


Perón y Barceló: el fin de una era, el comienzo de otra

Gardel y Barceló. Un montaje fotográfico para graficar
una relación de años.
En una carta enviada por Berta Gardes (madre del cantor) a Armando Defino, el 20 de septiembre de 1934, se revela que Gardel mantuvo relaciones con Barceló hasta el fin de sus días. En una parte de la misiva Berta escribe:

Yo creo que se le puede decir a los viejos, digo don Fortunato y Anaís, que iré cuando Carlos vaya. No sé si Carlos les escribirá. Él [por Fortunato] le escribió para pedirle que le hable a Lebretón en París para que él pueda conseguir un puesto. Creo que Carlos le va a escribir al secretario de Barceló, así se lo puede conseguir él”.

Mucho tiempo después, un testigo que alcanzaría gran notoriedad, confirmó las relaciones de Gardel con Barceló. Entrevistado por Tomas Eloy Martínez, Juan Domingo Perón  relató: “Hasta Carlos Gardel, que fue un gran hombre, sufrió la confusión de aquellos años. Se hizo amigo de un tal Ruggiero, guardaespaldas de Barceló y los domingos por la tarde, a la salida del hipódromo, aceptaba cantar en las milongas de Avellaneda. Tanta era la intimidad, que don Alberto le consiguió a Gardel un pasaporte falso que usó toda la vida. Por gratitud, al retirarse de las veladas, Gardel se despedía con el vals favorito de Barceló: ‘Ay Aurora, me has hechado al abandono/ Yo que tanto y tanto te quería...’. A esas milongas solían caer oficiales de alta jerarquía, y si a uno lo invitaban, no había excusa posible. Yo debí acudir unas cuantas veces y hasta tuve ocasión de conversar con Gardel. Era un hombre muy simple, buenazo, con más sensibilidad que inteligencia. Un día quiso saber cuál era mi pieza preferida para incluirla en mi repertorio. Se lo dije: ‘Donde hay un mango, viejo Gómez/ los han limpiao con piedra pómez’. Esos versos lo alarmaron. Gardel, como todo artista, era un animal de cautela. Temeroso de que alguien hubiera oído, me llevó a un rincón, vichando para todos lados. ‘Dése cuenta capitán’, me dijo. Yo era mayor entonces. ‘Aquí no puedo cantar semejante cosa... sería faltar a la hospitalidad’”
Juan Domingo Perón, en sus tiempos de oficial.
Para algunos, heredero de la sonrisa de Gardel.

Alberto Barceló aún seguía siendo el individuo más poderoso de aquella ciudad. Sin embargo, las cosas estaban cambiando. El 11 de octubre de 1945, el coronel Perón arengó a 50.000 partidarios casi en las puertas mismas de la residencia (un palacio) que se había construido Barceló en Avellaneda, y que alternaba con su mansión de vacaciones en Monte Grande:

"Soñamos con un futuro en el cual el pueblo nombre a sus representantes... eligiéndolos no entre los más hábiles políticos ni entre los más camanduleros para hacer un fraude, sino entre los que hayan probado que son honrados y leales a la clase trabajadora."

El título de la novela de Beatriz Guido, "Fin de fiesta", alude a que la fiesta de la oligarquía argentina terminó con Perón: en la escena final del libro, que Leopoldo Torre Nilsson convirtió en un film, los nietos de Braceras (léase, Barceló) cruzan el puente hacia la Capital, huyendo de Avellaneda; el viejo caudillo ha muerto y algo está surgiendo: los seguidores de un coronel también cruzan el Riachuelo...
Alberto Barceló falleció en 1946. Nacía una nueva época.

Mientras tanto, su saga, la de Juan Ruggiero y la antigua Barracas al Sur puede revisitarse con insólita nostalgia en diversos testimonios del arte argentino. Por ejemplo, en los versos de José González Castillo que cantó Carlos Gardel:

Una noche en Barracas al Sur,

una noche de verano,

cuando el cielo es más azul

y más dulzón el canto

del barco italiano...

***

Conclusiones

En ese mundo, donde “Política y prostíbulo eran una sola cosa”, Gardel pasó su adolescencia y juventud como animador de reuniones. Sus relaciones políticas quedarían vigentes hasta el final de sus días, si bien con la muerte de Ruggierito, que coincide con su ausencia del país desde 1933, se cerraría simbólicamente este ciclo. Su manifiesta articulación con los caudillos conservadores no pasará inadvertida y será uno de los aspectos que confluirán en la hostilidad que sufrió el artista más adelante.

Este es un artículo incómodo, incorrecto. No busco estigmatizar a Gardel, ni transformarle en un criminal; tampoco quiero generar una pátina romántica sobre aquella época. Todo lo contrario, pienso que puede aportar a entender y a valorar aún más a alguien que, nacido de un progenitor ausente o perverso, y moviéndose en ambientes difíciles y marginales, pudo construir un arte excelso y sanador. 

Y ése es otro de los legados que nos deja Carlos Gardel.


Fuentes: 

Libros:
Abos, Álvaro, "Barracas al sur, la muerte", en La Nación, 21 de junio de 1998. Disponible en web: http://www.lanacion.com.ar/212127-barracas-al-sur-la-muerte
Barsky, Julián y Osvaldo, Gardel la biografía (2004), Editorial Taurus, Buenos Aires.
Barsky, Julián y Osvaldo, La Buenos Aires de Gardel (2008), Editorial Sudamericana, Buenos Aires.
Folino, Norberto, Barceló, Ruggierito y el populismo oligárquico (1966), Falbo Librero Editor, Buenos Aires.
Kollman, Raúl, "El pibe Carlitos", en Página 12, 12 de noviembre de 2012. Disponible en web: http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-207654-2012-11-12.html
Martínez, Marcelo, "Nacionalidad de Gardel". Disponible en web: http://gardel-es.blogspot.com.ar/p/actualidad.html
Mágicas Ruinas. Disponible en web: www.magicasruinas.com.ar
Peluso, Hamlet y Visconti, Eduardo, Carlos Gardel y la prensa mundial después de su muerte (vol.1 y 2) (2014), Ediciones Corregidor, Buenos Aires.
"Tango y política: el Zorzal conservador", en La Nación, 26 de junio de 2005.

Fotografías:
Archivo personal del autor.
Archivo General de la Nación.

*El prontuario de Carlos de Gardel en 1915 fue hallado recientemente por Martina Iñiguez y Ricardo Ostuni. Más información en https://sites.google.com/site/eluruguayocarlosgardel/-documentos-oficiales-de-garlos-gardel/prontuarios/pivecarlitos

*Agradezco a Guada Aballe sobre el dato del concurso de "Papel y tinta".


*Soy investigador, docente, músico y cineasta. Este artículo puede copiarse, editarse, etc, pero por favor ¡citen la fuente! Es la manera de respetar (nos) el trabajo. Saludos.

3 comentarios:

  1. Muy buena la nota pero no es cierto que Isabel del Valle consiguió una cédula nro 383017 que llevaba el año 1890, como el del nacimiento de Gardel. Ella, que nació en 1907,siempre afirmó que Carlitos le llevaba 20 años.

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  2. Hermosa informacion. Si el cantor nacio en 1890, es totalmente improbable que haya cantado para Alfredo Palacios en 1904, con trece años de edad.¡¡

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  3. entiendo que gardel nacio no despues de 1897, quizas antes

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